Friday, April 24, 2009

Chiquilín de Bachín


Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.
Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos, uno izquierdo y el otro ¡también!















Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Wednesday, April 22, 2009

Desde el CAFé...

"En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo,

narro indiferentemente mi autobiografía sin hechos,

mi historia sin vida. Son mis Confesiones y

si en ellas nada digo, es que nada tengo que decir"

Libro del Desasosiego
Bernardo Soares (Fernando Pessoa)


Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan [...] la vida evidente y unánime. (97)

[...] de algún modo trato de dar la impresión de lo que siento, mezcla de varias especies de yo y de calle ajena, que, por lo que veo, también de un modo íntimo que no sé analizar, me pertenece, forma parte de mí. (159)

El silencio que sale del ruido de la lluvia se extiende, en un crescendo de monotonía cenicienta, por la calle estrecha que miro. Estoy durmiendo despierto, de pie contra la vidriera, en la que me recuesto como en todo. Busco en mí qué sensaciones son las que tengo ante este caer deshilachado de agua sombríamente luminosa que se destaca de las fachadas sucias y, aún más, de las ventanas abiertas. (165)

[...] Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta. (219)

[...] Bajando hoy por la Calle Nueva de Almada, me fijé de repente en la espalda del hombre que bajaba delante de mí.

Era la espalda vulgar de un hombre cualquiera, la chaqueta de un traje modesto en una espalda de transeúnte ocasional. Llevaba una cartera vieja bajo el brazo izquierdo, y ponía en el suelo, al ritmo de ir andando, un paraguas cerrado, que cogía por el puño con la mano derecha. Sentí de repente por aquel hombre algo parecido a la ternura. Sentí en él la ternura que se siente por la común vulgaridad humana, por lo trivial cotidiano del cabeza de familia que va a trabajar, por su hogar humilde y alegre, por los placeres alegres y tristes de que forzosamente se compone su vida, por la inocencia de vivir sin analizar, por la naturaleza animal de aquella espalda vestida. (46)

[...] Paso por una calle y estoy viendo en la cara de los transeúntes, no la expresión que realmente tienen, sino la expresión que tendrían para conmigo si conociesen mi vida, y cómo soy yo, si se transparentase en mis gestos y en mi rostro la ridícula y tímida anormalidad de mi alma. En ojos que no miran, sospecho burlas que encuentro naturales, dirigidas contra la excepción inelegante que soy entre un montón de gente que hace y goza; y en el fondo supuesto de fisonomías que pasan, carcajadas de la tímida gesticulación de mi vida. (49)

[...] sigo a veces -sin envidia ni deseo- a las parejas ocasionales que la tarde junta y caminan del brazo hacia la conciencia inconsciente de la juventud. Disfruto de ellos como disfruto de una verdad, sin pensar si tiene o no que ver conmigo. (240)

Esto (Extracto)

Si existo, es un error saberlo. Si despierto
parece un error mío. Siento que no sé.
Nada quiero ni tengo ni recuerdo.
No tengo ser ni ley.

Lapso de conciencia entre ilusiones,
fantasmas me limitan y contienen,
duerme ignorante de ajenos corazones,
un corazón de nadie.









SI MUERO PRONTO
Fernando Pessoa

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.





Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:

No fui sino un niño que jugaba.




Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.








Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

(**) De heterónimo Alberto Caeiros
Versión de Octavio Paz

Friday, April 17, 2009

Un Paraíso sin nombre.


Los llevaré por este recorrido sin dar nombres.
Compartir con egoísmo para proteger la belleza de estas aguas
y de estos cielos (de este cielo que no es cielo ni es azul...)

y me vuelvo alma, que
(con ayuda de la mirada panorámica, de una piel de poros abiertos a la brisa, oídos atentos a ruidos submarinos, olfato sensible al yodo que flota invisible...)
se agranda para ocupar este espacio de colores infantiles.





De verdad estuve sobre estas aguas quietas y limpias,
de verdad mi mirada se paseó
por toda esta azul inmensidad y
me sentí libre de todo pensamiento.








El muchacho tiró varías veces la cuerda para hacer partir el motor de su pequeño y carcomido bote.





Ser lugareño y botero obliga a tener este gesto de lentitud que tiene este muchacho. Su mirada es plácida y así hace avanzar su pequeño bote, abriéndose sensualmente camino entre las ondulantes aguas. Sólo el ruido tormentoso del motor se opone a esta cadencia.






Y el Paraíso está aquí, poblado de gaviotas bajo las patas de los flamencos, visitantes invernales.





El paisaje manda, con sus colores limpios y brillantes.











Me alejo pequeña y silenciosa, llena de luz y vacía de vida pasada y futura.

Tuesday, April 07, 2009

el buen HUMOR.








Cuando me preguntan si soy feliz...
solo puedo decir que "me siento de buen humor"