...¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Si te digo que me siento triste y deprimida, pregúntame si está lloviendo... te diré que sí y que aquí todo es gris y hace mucho frío. La lluvia no para, cae estruendosa sobre el techo de zinc y la siento como una campana transparente que me enjaula a solas con mi angustia, enojo y frustraciones. No quiero esta lluvia de techo oscuro. No quiero esta lluvia eterna. Cae y me aplasta sobre la cama. En estos oscuros días de lluvia, no vivo.
He visto cosas que los humanos ni se imaginan, naves de ataque incendiándose cerca del hombro de Orión. He visto rayos C centellando cerca de la Puerta de Tannhaüsser... Todos esos momentos se perderan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia... Es hora de morir.
Mi lengua, tu lengua... Mi lengua se pasea por el borde de tus labios, tus labios entre abiertos y hambrientos. Mi lengua entra en tu boca y explora cada uno de sus dimensiones. Mi lengua se encuentra con tu lengua, se reconocen, se saludan, se rozan, juguetean, intercambian fluidos. Mi lengua es traviesa y se esconde, tu lengua la busca furiosa y se introduce con fuerza en mi boca, paseándose por todos sus recovecos, ¡zas! ahí se encuentran todas babosas... me muerdes, te muerdo... quejidos, mi respiración se agita y tomo distancia para tragar aire. Una tregua, te pido una tregua mientras me sigues besando hacia el cuello, hombros, pechos... mis labios están secos, medio dormida y todavía con fiebre, estiro mi mano y tomo el vaso de agua que refleja su frescor bajo la luz de la lámpara del velador.
Hestoi arta, arta de las ecsijencias de todos los dias.
Arta de los cemaforos, del centido del tranzito, arta de la halarma del movil, arta de la cansionsita de heste haparato. Que hestupida me siento con un movil hen cada volciyo, hesperando lo que no quiero hescuchar, hatenta ha responder con prontitud. Hestoi arta de mi complasencia, arta de mi hefisiensia. Decearia lebantarme “tonta”, dispuesta ha todo tipo de hecsentridades, hecsavruptos, trasgreciones; lebantarme ha cualkier ora y zalir ha kaminar, ha mirar jardines, molestar ha los peros que miran detras de las rrejas a la jente Pazar; rrecojer ojitas hamariyas, tomar shocolate caliente sin preocuparme de la ora, molestar ha las palomas y terminar centada en hel biejo vanco de la plasa, condoliendome sinicamente de la jente que la crusa con rapido handar.
Balada para un loco
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese que se yo, viste?
Salgo de casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en mi...
Cuándo, de repente, detras de un árbol, se aparece el.
Mezcla rara de penultimo linyera
y de primer polizonte en el viaje a Venus.
Medio melón en la cabeza,
las rayas de la camisa pintadas en la piel,
dos medias suelas clavadas en los pies
y una banderita de taxi libre levantada en cada mano.
Parece que solo yo lo veo,
Porque él pasa entre la gente y los maniquíes le guiñan,
los semáforos le dan tres luces celestes
y las naranjas del frutero de la esquina
le tiran azahares.
Y así, medio bailando y medio volando,
se saca el melón, me saluda,
me regalo una banderita y me dice:
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao,
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!
Y asi diziendo, el loco me convida
a andar en su ilusión super-sport
Y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor,
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoca campanarios con su risa,
y al fin, me mira, y canta a media voz:
Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!
Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca el y loca yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca el y loca yo.
Por las noches, cara sucia de angelito con bluyín, vende rosas por las mesas del boliche de Bachín. Si la luna brilla sobre la parrilla, come luna y pan de hollín.
Cada día en su tristeza que no quiere amanecer, lo madruga un seis de enero con la estrella del revés, y tres reyes gatos roban sus zapatos, uno izquierdo y el otro ¡también!
Chiquilín, dame un ramo de voz, así salgo a vender mis vergüenzas en flor. Baleáme con tres rosas que duelan a cuenta del hambre que no te entendí, Chiquilín. Cuando el sol pone a los pibes delantales de aprender, él aprende cuánto cero le quedaba por saber. Y a su madre mira, yira que te yira, pero no la quiere ver.
Cada aurora, en la basura, con un pan y un tallarín, se fabrica un barrilete para irse ¡y sigue aquí! Es un hombre extraño, niño de mil años, que por dentro le enreda el piolín.
Chiquilín, dame un ramo de voz, así salgo a vender mis vergüenzas en flor. Baleáme con tres rosas que duelan a cuenta del hambre que no te entendí, Chiquilín.
Una historia hospitalaria al estilo de Frida, con algunas temporadas en el infierno existencial; fiel discípula del humanismo de Luís Oyarzún; defensora del derecho a la autodefinición sin culpas; practicante disciplinada de la tolerancia y el desprejuicio; de carácter complicado pero... por el que vale la pena arriesgarse.