Monday, March 05, 2012

SANTIAGO (VALPO) EN 100 PALABRAS

Palabras claves:

La Sebastiana, 
calle Ferrari (La Gata), 
Museo a Cielo Abierto, 






Portugal, Lisboa, Saramago, 
El Puerto, El Plan, Plaza de la Víctoria, 
Marisa Montes, Chico Buarque, Lila Down, Corcovado, 
puzzle, Portofino en la memoria, 
Reconciliándome con mi ciudad (Osorno), 
La vida, ese paréntesis (sin dramas), Los formales y el frío, las caricias, son la fiesta de la piel, Benedetti, 




troles, 
la Aduana, 
ascensor, 
paseo 21 de Mayo (náufraga de los cerros), ascensor Polanco, 












un paseo por la bahía de Angelmó (Puerto Montt), metro Estación Central, Baquedano, Roger Waters en Chile, 


Terminal de Valparaíso,  












tu espaÑol y mi flor amarilla. 

(cómputo: 100 palabras)


Links recomendados:
Ascensor 21 de Mayo
Náufraga de los cerros
Viajando en metro
A falta de ti
El humor de Lukas
Reconciliándome con mi ciudad
Oh qué será, qué será!
No me lo digas dos veces
Cual pasajero de algún tren, estoy en el andén
etc.

Sunday, February 19, 2012

Portofino en la memoria.






La vista desde el mirador nunca deja de ser bella, particularmente por las mañanas. 



(A veces pasa un tiempo sin asomarme por ahí, hacerlo implica algo de voluntad y tiempo para levantarme temprano, vestirme bien, maquillarme sin errores, ponerme mi perfume preferido, salir del piso dejando todo apagado y sin olvidar las llaves, bajar las escaleras sin tropezar, tomar la calle saludando a posibles conocidos y encaminarme por fin sola hacia ese extremo del pueblo. Hoy no lo hice, mañana me levantaré más temprano) 

Fatigada como siempre por reiterados desvelos, se levanta, se acerca a la ventana y la abre. Ahí está su acuarela de mar y cielo, la luz y el aire la reciben plenos, sonríe y respira profundo.  Los edificios del frente están aún en sombra y abajo ya se siente el bullicio del comercio, el saludo de los lugareños y el pasar de los turistas. Un extraño la ha visto, junto con subirse a un bote, se despide haciéndole señas con la mano y una amplia sonrisa. Se ha cortado el hilo que la tenía flotando sobre la brisa del paisaje. Entra a la habitación, encandilada tropieza con el desorden de un telar. Se sienta y comienza lentamente con el orden y el delicado cruce de decenas de hilos de colores y, mientras va tricotando, va atando un sinfín de pensamientos, preguntas y conjeturas. La espera no puede ser eterna.
A medida que va dibujando un cielo claro, van apareciendo cerros con árboles frondosos, una que otra palmera, altos tejados de estrechos y coloridos edificios, todos dispuestos muro contra muro,  con ventanitas pequeñas, de marcos y persianas azules, y algunas jardineras con rojos geranios.

(¡No puedes seguir con esta rutina!... La rutina del tejido, la rutina doméstica, la rutina de un trabajo cualquiera, la rutina de los encuentros y reuniones importantes, la rutina de nuestro aseo, la rutina de alimentarnos, la rutina familiar, la rutina de la relación de pareja… todas las rutinas parecieran no tener sentido cuando tomamos conciencia de nuestro fatal destino. Todo, cada cosa que hago, cada pensamiento, cada emoción se me escapa inevitablemente como pasado, solo la muerte parece existir como futuro. Si todo se me escapa como agua entre los dedos, incluidos los recuerdos, necesito atraparlos de alguna manera, como los turistas con sus cámaras fotográficas)

Cansada detiene la labor, se acerca a la ventana. Ya es medio día y el fuerte brillo de la luz destiñe los colores de la marina. Todo se le torna ajeno, es otra luz, es otro paisaje. Retrocede y, con un nudo en la garganta, vuelve hacia el centro de la habitación. De entre los intersticios de la malla tejida se asoman sus recuerdos, siente sus ojos húmedos, no llora.

El tejido sigue creciendo. Una hilera de arcos y toldos verdes de galerías comerciales remata, en su parte inferior, el conjunto de los edificios, a lo largo de esto una estrecha costanera y al fondo la pequeña playa.

Un bote se acerca a la playa y de él baja un hombre mayor. Últimamente bajar del bote le hace perder el equilibrio, por fin logra pararse firme sobre la arena, se sacude la vasta de los pantalones y mira hacia lo alto de un edificio fijando su atención en una de las ventanas con geranios rojos, nadie se asoma, nadie a quien saludar. Sube hacia la costanera repleta de extranjeros apuntando en todas las direcciones sus pequeñas cámaras fotográficas.
El hombre camina por los portales saludando alegre a los vecinos, entra a uno de los edificios y comienza a subir rápido las estrechas escaleras, se siente bien, comienza a silbar y se sorprende al escucharse entonar esa vieja melodía. La memoria es así, de repente se pega la tecla con algo hace mucho tiempo olvidado. Extrañas conexiones cerebrales.  

Ella sigue ahí sentada frente al telar, su figura se dibuja imperturbable, solo el movimiento de sus manos le dan vida a esa habitación ya casi en penumbras. El paisaje fluye hacia coloridos botes tendidos sobre sus propios reflejos. Han sido miles de coordinados movimientos que han ido atrapando un día y su eternidad.  
Ya poco queda por tejer cuando siente que se abre la puerta, la última luz de la tarde marca la silueta del desconocido de la mañana. 
No puede reconocer ese rostro que le sonríe con familiaridad. Él se acerca tomándola por la cintura y la lleva a la habitación donde comenzará a contarle la misma historia de cada regreso y así reencontrase en la memoria de un viejo amor.
  
Abajo las aguas se van oscureciendo, el sol se va perdiendo veloz detrás de los cerros y, desde el mirador, solo se ve un pueblo cubierto por una sedosa niebla de rumores. 

Wednesday, February 15, 2012

Portofino.



Días de soledades, son días de desórdenes y libertades. Detrás de estos minúsculos detalles de colores, líneas y bordes, mis pensamientos fluyen. Lo mismo podría estar tejiendo un gran telar.

En principio fue el kaos.

Mis recuerdos y mis nostalgias, mis deseos, mis frustraciones y mis enojos van quedando atrapados en este enmarañado tejido de encajes, con ángulos y curvas confusos.





Van pasando los días y las noches.
Discuto sobre si tiene sentido dejar pasar así la vida. Muchas respuestas.
Salgo a respirar el aire tibio de la tarde.
Salgo a mirar el horizonte cortado por las siluetas de otros botes que se deslizan suavemente sobre el mantel azul del paisaje. 
Puedo hacer un inventario minucioso de esta bahía: edificios de color amarillo, naranja, rosado; ventanas abiertas, ventanas cerradas, ventanas estrechas, con y sin persianas; jardineras con rojos geranios... recorro sus portales, subo las escaleras de sus antiguos edificios sintiendo el eco de mis tacos, me asomo a uno de los balcones a mirar los botecitos y el transcurrir de los lugareños y los turistas, todo es alegre bullicio, la brisa es tibia. Lanzo mi mirada y mis divagaciones al cielo quedando atrapadas entre nubes que se diluyen en desteñidas hilachas.




Los segundos transcurren sin sentir su transcurrir.












Y, ¿Por dónde andarán tus pasos?...
A tu regreso me tomarás por la cintura y repetiremos el viejo ritual.
Ya me contarás todo lo vivido.
.


                               Armar y desarmar el tejido, volver a empezar.




http://www.youtube.com/watch?v=TTrNNmIenbw&feature=related

Saturday, December 17, 2011

Un lugar al pie de la montaña.


 El muro bajo deja ver a los moradores del recinto y un paisaje que en solemne silencio los acompaña.



Adelante, pasen, pero cuidado... 


Entremos por fin.

 El día nos tiende generoso su manto de luz
que ilumina la villa de minúsculas casitas con coloridos jardines
protegidos por verjas como en toda vecindad. 




 ¡Pronto! improvisemos un hogar, 
llenémoslo de color al calor, 
mis huesos artríticos lo agradecerán.


(Disfruto de días de vacaciones, mediados de julio, pleno invierno por estas latitudes. Siempre he creído que bien vale la pena gastar tiempo y dinero en movernos por el planeta. Esta vez el recorrido ha sido: Viña del Mar, Los Vilos, Illapel, Combarbalá, Ovalle, La Serena y Vicuña. Sol, sol, cielo limpio, montañas, cordillera, espacio, silencio... le dan sentido a todo lo que se estuvo haciendo día tras día en la ciudad. Fotos del Cementerio ubicado en el cruce a Cogoti 18, El Durazno y Combarbalá, de fondo la Cordillera de Los Andes, Chile.  )

Viejos sin memoria.


Me dices que te vas a casar, te pregunto por qué, para qué. Nos queremos, me respondes. No es suficiente para asegurarte suerte en el proyecto. Qué más da, ningún proyecto es para siempre, siempre tenemos que estar pensando y armando otros para reemplazar al que ya está muriendo en forma natural. Qué tanto, si todo pasa tan rápido, si vamos destinados al rápido abandono y olvido. Pocos llegan a ser leyenda. No quiero deprimirme ni echar abajo los proyectos de otros, simplemente tu nuevo estatus civil, no declarado en su momento, me vuelve incrédula y cínica. Lo malo es que yo poco o nada tengo como para confesarte y, de pasadita, vengarme. Bebo recordando viejas costumbres mediterráneas (todo borracho termina igual, cínico y molestando a los demás) Pronto el sol se pondrá tras una bruma amarilla, tantas cosas sin hacer, tantos proyectos incompletos. Una vida de cortos entusiasmos, algunas decepciones, muchos encuentros y desencuentros, amores frustrados. Viejos ya no nos importará habernos equivocados, haber perdido el tiempo, haber hecho daño, no haber pedido perdón, no haber dicho te quiero…  Viejos de mierda, sin memoria no recordaremos el nombre del otro ni su número de celular. Viejos ya nada importará.

Sunday, October 09, 2011

Los VILOS






...quedar atrapada por las cosas bellas y simples.