Saturday, April 21, 2007

GINKGO biloba, un testigo silencioso de la historia...



Este fósil viviente ha sido testigo de la historia desde hace millones de años (hay una hoja fósil con 270 millones de años de antigüedad).



Cuando desde su altura nos ve frenéticos pasar, (también vio correr a los gigantes dinosaurios del jurásico) qué pensará?...
Pero generoso en otoño nos regala una lluvia de doradas hojas hasta nuestros pies.

Este árbol puede alcanzar los 35 metros de altura, pero el ingenio del hombre lo ha podido reducir hasta escasos centímetros. En estas fechas se puede ir a recoger sus hojas doradas a un costado del Museo de Historia Natural de la Quinta Normal. Hay que mirar al cielo para conocer a la Ginkgo y brindarle su homenaje.

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A propósito del cuento de El Idiota de Cortazar... Reconozco tener mis inclinaciones de idiota, (otra más). Por ejemplo: me gusta coleccionar hojas de otoño, las que voy juntando en mis libros viejos (el papel de sus páginas es de mejor porosidad para secar las hojas) Selecciono las bonitas o las más "tiernas" o más las "simpáticas" o las que me recuerdan algo o a alguien y las pongo bellamente bajo el vidrio de mi escritorio. En la calle no puedo resistirme a la tentación de agacharme para recoger esa y esa otra y aquella, pareciera que todas me piden: "¡llévame contigo!" A veces provoco choques en cadena con las personas que vienen tras mío. En mi último viaje a Santiago, caminando por la calle Bandera, sorpresivamente me vi frente a un resplandor dorado, era otra Ginkgo biloba meciendo sus hojas amarillas, como monedas de oro reluciendo a contra luz. Crucé emocionada, como una niña maravillada ante un árbol de navidad lleno de luces. La Ginkgo biloba estaba en el interior de los jardines de lo que fue el Congreso Nacional hasta el año 1973, (fecha del golpe militar). No podía entrar, entonces comencé a buscar las inconfundibles hojas con forma de pequeño abanico, tiradasen la calle a medio pisotear. Apoyados en la fornida reja de la propiedad estaban una anciana discapacitada y un vendedor ambulante, conversaban despreocupadamente, tuve la intención de comentarles mi descubrimiento pero temí que me creyeran una idiota. recogí unas cuantas hojitas y contra mi voluntad me alejé de ahí, antes miré al cielo y me despedí de este árbol que tuvo la suerte de conocer a los dinosaurios. La Ginkgo biloba, un mudo testigo de la historia del mismo hombre que le tomó tantos millones de año levantarse y llegar al que es hoy: muchas horas sentado frente aun computador. Qué idiota soy.

7 comments:

galatea said...

... guardo entre las páginas de la "Señora DOLLOWAY" (V. Wolff) unas hojas de ginkgo.

galatea said...

pero tengo prestado este libro, me preocupa la situación de las hojas de ginkgo que guardé ahí...

la vieja sapa said...

que bonito que escribe galatea,me encanto la pelicula de virginia wolff, la verdad nunca he leido nada de ella, saludos de la vieja mas sapa

galatea said...

Gracias por tu visita. Yo si admiro tus historias, tu Pueblo Hundido es un Macondo lleno de humor, desde entonces no me molesta este otro púeblo "hundido" donde yo vivo.
Saludos vieja sapa.

María Inés said...

Galatea:
Has hecho gala de tu promesa y cuando mi pequeño helecho mude guardaré una hoja amarilla como totem, no será un ginkgo, pero es el rey de mi jardín.
La humanidad interviene para inventar enanos o para hacer de enanos gigantes (gracias por tu apoyo a la tragedia de Cromagnon), acá nadie se hizo cargo, para variar.
Cariñoooooos!!!!!!

BELMAR said...

grande Tellier, gracias por traerlo a mi blog! salud por él!

galatea said...

hoy 22 de abril es el día de la Tierra, un homenaje a la ginkgo biloba por su fuerza para aguantar tantos desastres!